La poesía de Mario Caparra no pide permiso. Se planta. Escupe. Arranca en seco, sin preámbulos, con un perro meando filosofía sobre el asfalto. A partir de ahí, todo rueda cuesta abajo con estilo. No hay consuelo, ni metáfora climática que nos rescate del golpe.
Destacado
Una ficción de Las Chatas
Era un bar del infierno que engullía nuestras exacerbadas historias de amores rotos, desencantos políticos, libros recontra mil leídos y proyectos destinados a fracasar con una dignidad conmovedora.
